Comillas migratorias

Dicen que viajar te cambia. Bueno, lo que alguna gente insiste en llamar “viajar-viajar”. La verdad, no sé si poner comillas simples, dobles, guiones, cursivas o todojuntosintemor.

¿Sabéis a lo que me refiero, no? Cuando la gente hace este gesto tan molesto con los dedos índice y corazón de ambas manos. Ya sabes: “v-i-a-j-a-r, no lo que hacen los turistas”, y todo ese debate infructuoso. Que digo yo, cada cual hacemos lo que podemos.

Espera, espera… Veo que a ese gesto ya le han adjudicado un nombre: “comillas aéreas”. Copio la expertise (otra palabra en boga…vante) de un blog muy experto:

Cuando dices la palabra “experto”, tus manos se elevan a la altura de los hombros, agarras los dedos anular y meñique con los pulgares, y con el índice y el medio de cada mano a modo de orejas de conejo dibujas unas comillas en el aire. La descripción en inglés es muy plástica, se llama hacer air quotes.

Por ejemplo, aquí, la gran Ellen DeGeneres aclara que ella no está casada “entre comillas”, sino que está casada. Punto.

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O este gif en el artículo “Vivimos en un mundo de comillas”.

Ahora sí, hablemos de migrar. Fundéu me deja usar tanto ‘migrar’ como ’emigrar’. Me encanta la rotundidad con la que persona formula la consulta:

Necesitamos saber con claridad si se puede usar o no el término «migrar», en lugar de «emigrar».

Como si dijera: “Vale ya de tonterías y medias tintas, por favores, a ver si nos ponemos de acuerdo. Va, di: peras o manzanas, que me cierran”.

Mi madre dice que no lo acaba de ver. No le gustan nada las comillas aéreas y le chirría un poco eso de que dos de sus tres hijas ‘seamos migrantes’. Bueno, a ratos tres, y luego otra vez dos, y así. Mamá, ya te entiendo, concédeme la licencia ésta literaria. A lo mejor tienes razón, y es mejor decir que ‘estamos emigradas’. Como estado más que como esencia.

Parece que migrar pega más con los tiempos que estamos viviendo, porque la e- te puede servir cuando te vas de un sitio a otro para quedarte de forma más o menos permanente, ¿sí? Pero, ¿qué pasa si lo andamos haciendo toda nuestra vida, de aquí para allá todo el rato? ¿No necesitaremos algo más corto, más fresco, con más punch?

[Nota entre corchetes: Esto de usar palabras en inglés también es muy de comillas migratorias. Sepa el público lector que lo hago con todo el amor por las lenguas y la diversidad cultural, y no sin un toque humorístico. Para que nos vayamos conociendo.]

Aquí no busco etimologías ni lo que diga la RAE, hablo del significado psicológico. Lo que nos sugiere, el espacio en el que nos ubicamos cuando oímos la palabra ’emigrante’. La -e modernizada también recuerda a e-mail o e-comercio, (¡si existe hasta una e-administración, por las diosas!) y no creo que haya experiencia más carnal y menos digital que la migratoria.

Si llevas un tiempo en territorio español, lo más probable es con la palabra emigrante que te resuenen las primeras ‘oleadas’ de personas procedentes sobre todo de países latinoamericanos y del Este de Europa.

Desde hace unos años, en mi generación -mediados y finales de los 80, con personas más y menos jóvenes que le siguieron después- lo “normal” (cómillas aéreas voladoras) es migrar. The new black, ya que está tan de moda. Migramos más de una vez y más de a un sitio. Por algún motivo extraño, parece que nos cuesta menos ser migrante que emigrante.

Pero todo esto da igual. La palabra incluye millones de historias diferentes, unas más afortunadas que otras, siempre con bastantes puntos en común. Enfrentarse a dificultades ambientales y circunstanciales que son distintas a las que aprendimos a solventar ‘en casa’. La burocracia y el sentimiento de ciudadana de segunda (tercera o peor, quienes no cuentan con nuestros privilegios), de los más básicos. Aquí, en Reino Unido, al proceso de búsqueda de empleo se le llama soul-destroying. Su traducción, ‘desmoralizador’, se queda corta para la fuerza que tiene el original.

Luego estamos las Géminis y, para más INRI, en mi caso, doble géminis, que me dijo la astróloga el otro día. Lo del volando voy, volando vengo se nos queda de leeeejos corto.

En fin, migramos, emigramos, lo intentamos, vivimos. Y mientras, entrecomillamos.

 

*La foto de la portada fue tomada en agosto de 2014 en Olexandrivka, Ucrania, donde nos acogió una familia local amorosa como voluntarias europeas. Esta era la puerta al hogar de babushka Tania.

 

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